SOS: Larisa ha desaparecido

Tras varios días sin saber de ella, Estelle comienza a angustiarse por el paradero de su hermana. Desde Suiza viajará a Algeciras temiéndose lo peor: Larisa ha sido víctima de negligencias en rescates que nunca llegan.

LAS VÍCTIMAS

LOS HECHOS

El jueves 12 de enero de 2017 una embarcación con once personas navegaba la ruta del Estrecho. Salvamento Marítimo recibió la alerta de una de las pateras y, pese a que activó el dispositivo de búsqueda inicialmente, lo suspendió en cuanto acordó con las autoridades marroquíes que ellas «se harían responsables” del rescate. Larisa, una mujer costamarfileña residente en Marruecos, viajaba en ella.

Un día después, el 13 de enero, el operativo español se volvió a activar tras un nuevo aviso: una embarcación con tres mujeres y cinco hombres había partido de Marruecos al alba tratando de alcanzar las costas españolas. Los teléfonos de alerta de este Colectivo recibieron las llamadas de las personas a bordo durante su travesía. Denunciaban que su zodiac “podría estar pinchada” y que la corriente les había arrastrado hacia el mar de Alborán. En esa posición, el helicóptero y la lancha movilizados por Salvamento Marítimo lograron localizarles. La aparición de un cadáver en la playa de Bolonia por la tarde de una persona subsahariana obliga a continuar el rescate. Sin embargo, al caer la noche, la búsqueda de las personas a la deriva era suspendida por segunda noche consecutiva. La interrupción de los dispositivos de rescate en la ruta del Estrecho por parte de los servicios de salvamento españoles resulta una anomalía que no se da en la ruta de Alborán, donde se extienden la búsqueda todo lo necesario para salvar las vidas humanas a la deriva.

A la mañana, el avión Sasemar 101 localizaba una pequeña balsa a 30 millas al este de Ceuta. Era la patera de ocho personas, siete de ellos habían sobrevivido. Una de las mujeres, originaria de la República Democrática del Congo, falleció durante el trayecto y su cuerpo yacía junto a los supervivientes, todos con síntomas de hipotermia.

Sin embargo, Larisa no tuvo la misma suerte: su embarcación nunca fue encontrada, no hubo supervivientes y muchos de los cuerpos fueron apareciendo en las costas españolas y en Argelia. Entre ellos el suyo.

Las familias

En la estancia en Marruecos de Larisa, su hermana Estelle, residente en Suiza, hablaba a diario con ella. No obstante, un día, dejó de recibir noticias suyas. Un amigo de Larisa llamó a Estelle para informarle de que la pequeña había intentado cruzar a España por la ruta del Estrecho, y que su intento había fracasado. Tras confirmar su muerte, Estelle quedó en shock: “Larisa nunca me habló de sus intenciones de cruzar en patera a España. Mientras estaba en Costa de Marfil, intentamos tramitar varios visados con la Embajada suiza que fueron denegados, por lo que decidí apoyarla económicamente para que fuera a trabajar a Marruecos”, argumenta.

“Cuando me aseguraron que Larisa había muerto, nació en mí un gran odio contra sus asesinos, aquellos que podrían haberle ofrecido ir a Europa y que le hicieron perder la vida. Pero respiré y logré el teléfono de Helena de Caminando Fronteras, me dijeron que ella sabría informarme de cómo proceder. Ella me explico todo: la zodiac, de doce personas había volcado y varios cuerpos aparecieron en las costas Cádiz sin que constaran supervivientes”.

Estelle, con el gran dolor de perder a una hermana, se trasladó de Suiza a Algeciras para intentar reconocer uno de los cuerpos que el mar escupió y que todo apuntaba a que fuese Larisa. Desde el Colectivo pudimos acompañarla en su proceso. Le costaba entender lo sucedido. “¡Cuánta juventud africana perdida”, lamenta.

“Al día siguiente, nos citamos con la Guardia Civil en el tanatorio y nos dispusimos a entrar a reconocer el cuerpo. Recuerdo especialmente que el guardia civil me hablo en francés, con bastante respeto y cariño. Yo pude reconocerlo: ese cuerpo era el de Larisa. Me lancé a abrazarla, le bese la frente con todo mi dolor y lágrimas. Quise sacarle una foto, ¡necesitaba sacarle una foto para que mi familia viese que era ella! ¡Que Larisa había muerto realmente! Pero no pudo ser. “

Pese a todo, Estelle afirma que en Algeciras se sintió acompañada y protegida. Su hermana fue despedida por un gran grupo de vecinos de la ciudad que, con cada tragedia, sale a la calle para llorar las muertes y exigir responsabilidades. Un sábado lluvioso de febrero, Larisa fue enterrada. Se ofició una misa, tal y como deseaba su madre en respeto a su tradición, para que su cuerpo descansara cerca del mar donde murió.

En el proceso de transformar el dolor en Justicia, la familia de Larisa logró reconstruir lo ocurrido para iniciar su duelo. “Es complicado hablar de todo esto, pero está bien hablar de Larisa. Yo me alegro, porque cada vez que hablamos de ella es hacer un homenaje a su vida”, agradece Estelle. “Desde que la perdí, gente de África y Europa me ha escrito, la ha recordado en redes sociales con mucho amor. Compartir nuestras historias y sentir la solidaridad es de gran ayuda”.

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