Dolor es perder a un hijo

Un pequeño imprevisto hizo que Koroutum embarcase en una patera diferente a la de su hijo. Tras sobrevivir a la Ruta Canaria, esperó durante meses a que apareciera. Cómo imaginar que esa sería la última vez que le vería con vida.

LAS VÍCTIMAS

LOS HECHOS

La semana del 14 al 22 de diciembre de 2019 fue confusa respecto a las informaciones sobre embarcaciones que salían de la ciudad de Dakhla para alcanzar las Islas Canarias. Los familiares intentaban aclarar a nuestra organización el número de personas y embarcaciones que corrían peligro en la ruta. Las llegadas a las islas eran numerosas y teníamos el temor de que alguna de las pateras quedase en el agua sin habernos alertado.

El 21 de diciembre, nuestra organización recibió la alerta de dos embarcaciones que habrían salido de Dakhla tres días antes. Dos familiares, uno de ellos en busca de su pareja y el otro esperando saber de su mujer e hijo, pudimos reconstruir los hechos: un total de 108 personas habían sido embarcadas en cuatro grupos, sin que los familiares contaran con más información. El padre del niño perdido nos explicó que tres de las pateras habían llegado a Las Palmas y que, sobre la cuarta, donde posiblemente viajaba su bebé de tres meses junto a su mujer, circulaba el rumor de que había desembarcado en Tenerife. Desde Caminando Fronteras buscamos a los supuestos supervivientes sin suerte, mientras los familiares insistían en su llegada, rendidos ante la angustia de desear encontrar a sus seres queridos. “En Tenerife les quitan todos los teléfonos y por eso no han contactado”, “en Tenerife hay zonas donde no llega la cobertura, por eso no llaman”, repetían como forma de alivio.

En medio de la desesperación y con el fin de verificar la llegada de aquella cuarta patera, el padre del bebé nos facilitó el teléfono de Kourotum. Esta mujer había viajado en una de las tres embarcaciones que sí había llegado a las islas, acompañada de su hija Nora. Mientras, su hijo Kanaté, de doce años, permanecía desaparecido: también se encontraba a bordo de la patera faltante.

Y es que, mientras Kourotum iba al baño antes de zarpar, embarcaron a su hijo en su ausencia por error. Con la trágica suerte de que no le vería con vida nunca más.

Las familias

Desde su llegada a Las Palmas de Gran Canaria, Kourotum alertó a autoridades y ONGs de la pérdida de su hijo, siendo ignorada. Acogida en el hotel Puerto Canteras, y la mujer nos puso al teléfono con voluntarios de la entidad responsable del espacio: “Nos ha enseñado una foto del niño, pero eso son cosas de la Policía”, declaró sin mayor preocupación frente a Kourotoum tremendamente nerviosa. Un lugar nuevo, dificultades para ser entendida en su lengua materna, confusión sobre las informaciones de la patera en la que viajaba su hijo, y la esperanza de una madre de volver a abrazar al niño.

Desde el Colectivo le propusimos poner una denuncia a la Policía Nacional. Nuestra organización sospechaba, por nuestra investigación particular, que las personas de la cuarta embarcación nunca llegaron a las Islas Canarias. El abogado Daniel Arencibia la acompañó a denunciar la desaparición de su hijo Kanate Souleyman.

Días después, una pequeña esperanza frustrada: el nombre coincidía con un niño recién llegado. Sin embargo, se trataba de un bebé que viajaba con su madre. La Policía no encontró al hijo de Koroutom en ninguna de las islas.
El resto de familiares de desaparecidos siguieron llamando a nuestros teléfonos durante todo el mes de enero de 2020, con lo que pudimos constatar que no había señales de vida.

Meses después, el treinta de junio de 2020 hablamos con Kourotoum. Rota de dolor y maltratada por “todos los problemas que las mujeres migrantes sufrimos durante la acogida en Canarias”, relataba. Ella, pese a tener familia en Europa, seguía retenida en las islas sufriendo el duelo en soledad.

Su historia es la de miles de madres ignoradas y maltratadas por Estados y sistemas de acogida. Porque antes que madres son migrantes a las que se les niega el derecho a duelo de muertes invisibilizadas. Pese a ello, nadie borrará en Koroutom el recuerdo de su hijo desaparecido en el mar.

MÁS INFORMACIÓN