Hace doce años, en la mañana del 6 de febrero de 2014, recibimos varias llamadas que aún resuenan en nuestra memoria. Personas que conocíamos nos alertaban de numerosos heridos y fallecidos en un intento de llegada a Ceuta, por la playa de Tarajal.
Aquella mañana, alrededor de 300 personas intentaron entrar en Ceuta a nado bordeando el espigón que separa la ciudad autónoma de Marruecos. La Guardia Civil, bajo órdenes de las autoridades españolas que se desplazaron a la zona, comenzó a utilizar material antidisturbios contra las personas que se encontraban en el agua, tratando de alcanzar la orilla. Como consecuencia del uso desproporcionado de la fuerza por parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, 14 personas perdieron la vida mientras intentaban llegar a las costas españolas.
Además, no se activaron los medios de rescate para intentar salvar a los que se estaban ahogando, ni tampoco se recuperaron los cuerpos que quedaron flotando en el mar. Fueron los propios compañeros de las personas en riesgo y las autoridades marroquíes quienes prestaron atención humanitaria durante la masacre. Las 23 personas que alcanzaron la orilla española fueron víctimas de devoluciones sumarias a Marruecos.
Desde Caminando Fronteras iniciamos de inmediato un proceso de acompañamiento a las familias de las víctimas mortales y a las personas supervivientes de la masacre, decenas de ellas tuvieron que ser trasladadas a hospitales en ciudades del norte de Marruecos. Un acompañamiento sostenido en el tiempo que continúa hasta el día de hoy.
De forma paralela, llevamos a cabo una exhaustiva investigación para recopilar pruebas que permitieran depurar responsabilidades, así como para recoger los testimonios de las personas supervivientes, fundamentales para reconstruir lo sucedido y preservar la verdad de los hechos. Llegamos a declarar en el procedimiento judicial como testigos durante la recopilación de datos del informe.
Ante el abandono de la vía judicial y la falta de respuesta por parte de la justicia hacia las familias de las víctimas y las personas supervivientes, hemos buscado otras formas de justicia y reparación a través de la sensibilización y la incidencia. Las familias se han organizado, han creado una asociación y han transformado el dolor en una lucha colectiva por la justicia, caminando juntas, acuerpadas, para denunciar la violencia policial y el asesinato de sus seres queridos. Esta historia de resistencia, dignidad y memoria está recogida en el documental de Caminando Fronteras Tarajal: transformar el dolor en justicia.
Trabajamos en red con otras organizaciones para evitar que esta masacre caiga en el olvido. Cada año participamos y colaboramos en los actos de homenaje y conmemoración de las víctimas, convencidas de que la memoria es una forma de justicia.
Doce años después, el 6 de febrero a las siete de la mañana, la hora exacta en la que comenzaron los disparos contra las personas que nadaban intentando alcanzar la playa, nos concentramos frente al Congreso de los Diputados. Durante el acto se reprodujeron los audios grabados en la playa del Tarajal aquel día. Cerramos la concentración nombrando a cada una de las catorce víctimas y encendiendo una vela con su nombre, como gesto de memoria, respeto y dignidad.
Por la tarde, repetimos el homenaje en la plaza de Lavapiés. Al grito de “Tarajal, nunca más”, seguimos recordando los hechos violentos y denunciando cómo el racismo institucional mata y asesina en las fronteras.

Ese mismo día, la Asociación de Familias Víctimas del Tarajal en Camerún se reunió en Edea para exigir justicia, memoria y reparación. A día de hoy, los fallecidos enterrados en Ceuta, cuyos cuerpos fueron llevados por las olas hasta la playa, siguen sin ser identificados, negando a las familias el derecho a la verdad y la justicia. Tumbas sin nombre a pesar de que las autoridades tuvieron desde el primer momento capacidad, información y posibilidad de identificarlas. Lo que supone una revictimización para las familias.
Al acto celebrado en Edea no acudieron únicamente familiares de las víctimas del Tarajal, sino también familias de otras víctimas de las fronteras. El objetivo común es impulsar el reconocimiento del 6 de febrero como el Día Internacional de las Víctimas de las Fronteras. La masacre del Tarajal marcó un antes y un después en las políticas de muerte ejecutadas desde Europa, evidenciando cómo la externalización de fronteras y el control migratorio se han impuesto sistemáticamente sobre la defensa del derecho a la vida y los derechos humanos.

El 6 de febrero aspira a ser una fecha para honrar la lucha de las familias como horizonte de resistencia; un día de homenaje a quienes defienden la vida en los territorios fronterizos y una jornada de memoria, denuncia y recuerdo para todas las víctimas de todas las fronteras.