Hechos
Entre el 3 y el 18 de diciembre de 2025, al menos 14 personas migrantes procedentes de Guinea Conakry, Camerún y Nigeria, entre ellas dos mujeres, murieron en la frontera entre Argelia y Marruecos a causa del frío extremo y el hambre, según informaron organizaciones de derechos humanos y comunidades migrantes.

Los cuerpos fueron hallados en territorio marroquí, en la zona de Ras Asfour, cerca de Toussit, en la provincia de Jerada. Se trata de un área montañosa, muy poco habitada y especialmente hostil durante el invierno, con temperaturas extremadamente bajas.

Las organizaciones sociales denuncian que estas muertes se produjeron en condiciones de sufrimiento extremo. En el lado argelino de la frontera existe un foso de aproximadamente cuatro metros de ancho y cuatro metros de profundidad, conocido por las organizaciones como el foso de la muerte. Durante el invierno, este foso se llena de agua debido a las lluvias y al desbordamiento de ríos cercanos. Las personas migrantes se ven obligadas a cruzarlo de noche para evitar ser detectadas por las fuerzas de seguridad argelinas, quedando atrapadas en el barro, ahogándose o muriendo congeladas, según un comunicado de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH). Solo dos de los cuerpos fueron identificados por las autoridades marroquíes y ocho personas fueron enterradas en Jerada.
El 23 de diciembre, se produjo un nuevo intento de cruce de más de 100 personas, entre ellas mujeres, niños, niñas y adolescentes. Las personas migrantes denunciaron la violencia de las autoridades argelinas durante esa noche. Un horror agravado por el férreo control policial, la hostilidad del terreno y unas condiciones meteorológicas extremas.
Un sobreviviente relató:
“Cuando llegamos a la valla los argelinos nos localizaron con sus aparatos. Empezó el pánico, nevaba muy fuerte, la gente se caía, mujeres, niños. Disparaban con balas reales. Nos robaban los teléfonos, la ropa, los zapatos, para que no pudiéramos seguir. No sabemos cuántos murieron”.
Análisis
Desde Caminando Fronteras denunciamos que las fronteras del norte de África se han convertido en espacios de violencia sistemática. Las personas migrantes son empujadas de un país a otro mediante prácticas de violencia policial y a través de procesos de subcontratación derivados de la externalización de fronteras.
En los últimos meses, la salida de personas que huyen de Túnez ha convertido a Argelia en un territorio de impunidad, desde el cual muchas se ven obligadas nuevamente a huir para intentar llegar a Marruecos. Se trata de un desplazamiento forzado continuo, en el que las personas pasan de una frontera a otra sin protección ni garantías.
La externalización de las políticas migratorias está transformando las fronteras del norte de África y del Sahel en auténticos espacios de no derecho, donde las personas migrantes sufren violaciones de derechos humanos, son expuestas a condiciones climáticas extremas, se les niega el acceso a ayuda humanitaria y quedan atrapadas en contextos de violencia estructural y abandono institucional.