Ceuta ciudad frontera: principio y fin de muchas vidas

Durante este año, la realidad migratoria de Ceuta ha estado marcada no solo por los cruces a nado en condiciones precarias, sino que también por el aumento de personas que atravesiesan la valla que separa la ciudad autónoma de Marruecos. Desde 2022, año en que tuvo lugar la masacre de Nador-Melilla, no se había registrado este número de cruces  por la valla  en ninguna de las dos ciudades fronterizas con el reino alauita.

Quienes utilizan la valla como vía de acceso al Estado español proceden de países en conflicto, principalmente Sudán, Mali y Chad, son muy jóvenes y han enfrentado largos trayectos migratorios en los que han sufrido graves vulneraciones de derechos humanos.

Las entradas a nado, sin embargo, no han cesado. Los espigones de Benzú y la playa del Tarajal continúan siendo los principales puntos de llegada. La mayoría de personas que usan esos accesos son también chicos jóvenes, muchos de ellos menores, en su mayoría de Marruecos, Argelia, aunque también hay personas de Senegal, Sudán y Guinea Conakry. En el mejor de los casos se lanzan al mar con trajes de neopreno, pero la mayoría lo hacen sin protección contra el frío y con sistemas de flotación muy precarios. Cruzan cuando las condiciones son las peores: con vientos fuertes de levante o poniente, con niebla o con luna nueva. Algunos nadan hasta doce horas. Otros no llegan nunca.

Estas condiciones, tanto en los cruces a nado como por la valla, han derivado en numerosas vulneraciones de derechos humanos: devoluciones en caliente de demandantes de asilo, menores e incluso personas heridas de gravedad. Pero lo más sangrante es la constante e inaceptable pérdida de vidas humanas.

En lo que va de 2026, en las costas entre Marruecos y Ceuta se han recuperado ya 18 cuerpos y otros jóvenes permanecen desaparecidos.

El año pasado, los cementerios de Sidi-Mbarek y Santa Catalina acogieron decenas de enterramientos sin nombre. Para las familias buscadoras, identificar a un ser querido se convierte en un recorrido de obstáculos burocráticos: no pueden viajar a Ceuta porque carecen de visado y hay una gran dificultad para tomar muestras de ADN en origen. Mientras tanto, numerosos entierros se suceden sin presencia familiar y el derecho a la verdad y al duelo queda suspendido.

Durante estos meses, nuestra organización ha podido documentar estas vulneraciones de derechos humanos y acompañar a las víctimas. Por eso, tejer redes con las organizaciones y con las administraciones de Ceuta es vital para la consecución de procesos de reparación y justicia. Mantener el trabajo con las organizaciones sociales que trabajan sobre el terreno y con distintas administraciones implicadas en la gestión de las desapariciones, las identificaciones y los enterramientos, resulta imprescindible para poder acompañar a las víctimas y sus familias.

Organizaciones como la Asociación Elín acompañan a las personas que han cruzado a la ciudad autónoma en su recuperación integral frente a las violencias sufridas a lo largo del camino migratorio.

Merece también una mención especial la labor del periódico El Faro de Ceuta, que se ha convertido en un referente para las familias de las personas muertas y desaparecidas en contextos migratorios, al ofrecer información de servicio público imprescindible cuando las familias no pueden acceder a la ciudad autónoma.

Encontramos voluntad de colaboración en muchas administraciones públicas, pero también constatamos los vacíos de siempre: faltan protocolos compartidos, falta coordinación entre cuerpos policiales, consulados y administraciones, y falta, sobre todo, una mirada que ponga a las víctimas y a las familias en el centro.

Por eso, desde Caminando Fronteras seguimos exigiendo:

  • Que se habiliten vías seguras para que las familias buscadoras puedan acceder a Ceuta.
  • Que las muestras de ADN puedan recogerse en los países de origen con todas las garantías.
  • Que las denuncias de desaparición puedan tramitarse a distancia.
  • Que cada cuerpo recuperado sea tratado con la dignidad y la urgencia que merece.

Buscar a quien ha desaparecido en la frontera no debería ser un privilegio, es un derecho.

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