Informe «Vida en la Necrofrontera»

5 agosto 2021

En este momento, lo mismo en Centroamérica que en el Mediterráneo, decenas, cientos, miles de personas están intentando atravesar alguna frontera. Van con sus niños y niñas a cuestas, con su impulso de vida, con la determinación de encontrar nuevos motivos para mantener la esperanza.

Mientras ello ocurre, el necrocapitalismo está poniendo en marcha toda su maquinaria de muerte para apresarles, esclavizarles y convertirles en mercancías.

El informe de Caminando Fronteras no solo nos muestra la crisis humanitaria y de violaciones a los derechos humanos que vive la frontera occidental europea y repetida en muchas otras fronteras del mundo, sino que hace visible cómo en la imposición, control y ampliación de las fronteras se condensa y se afianza la lógica de muerte y despojo que caracteriza al capitalismo cada vez más voraz que estamos viviendo.

En las fronteras resulta evidente la complicidad y articulación con la que actúan los gobiernos europeos y el poder corporativo -legal e ilegal- para alimentar e incrementar las ganancias millonarias que resultan de controlar a las personas migrantes. Como el informe detalla, toda una industria de violencia y muerte se beneficia de vigilar, detener, encarcelar y deportar, traficar y esclavizar e incluso rescatar y asistir a quienes intentan
atravesarlas.

En las fronteras se hace evidente la renuncia de los Estados a su obligación de garantizar los derechos humanos. En ellas la ley es solo un instrumento para legitimar el racismo y el patriarcado, en ellas se sigue ejerciendo un poder colonial que divide a la humanidad en personas válidas y en cuerpos que se pueden explotar, desechar, violar y matar para mantener los intereses del capital.

Las fronteras despojan de todos sus derechos a las personas migrantes y las dejan en total indefensión para que puedan ser usadas por el capital sin ningún costo. Y cuando la prioridad es el lucro, cuando controlar y vulnerar la vida de las personas migrantes es una fuente inagotable de riqueza y poder, los derechos humanos sobran, estorban, no importa cuántos tratados se hayan firmado, ni cuantos acuerdos se logren en Naciones Unidas.

En las fronteras, el neoliberalismo avanza velozmente, externalizando, privatizando, recortando presupuestos a los servicios públicos. En ellas ocurre lo que luego se generaliza en todos los territorios, gobiernos e instituciones. Los derechos de los que son despojados las personas migrantes son los mismos que poco a poco van siendo arrebatados al resto de la población. Porque la voracidad del necrocapitalismo no tiene ningún límite, ni pretende respetar ningún pacto que haga posible unos mínimos de justicia social.

En las fronteras se hace visible el debilitamiento de la democracia y el retroceso autoritario. En el informe de Caminado Fronteras se explica con claridad no solo como se desconoce y anula el poder de las personas migrantes para hablar con su propia voz y defenderse de las injusticias, sino que también muestra como restringir, criminalizar, amenazar y agredir a las personas y organizaciones que defienden los derechos de las comunidades migrantes es constitutivo de la política de fronteras: “…la criminalización se ha disparado los últimos años de forma paralela al aumento de intereses económicos de las empresas que invierten en el control de fronteras… La normalización de que el control del territorio está por encima de los derechos humanos de determinados grupos de personas, ha servido también para justificar la persecución y violencia de las personas defensoras de derechos humanos…”.

El uso del sistema de justicia para levantar falsas acusaciones contra activistas con la finalidad de restringir su derecho a defender los derechos humanos es una acción cada vez más común por parte de gobiernos que presumen de gozar de una democracia y estado de derecho sólidos. Como se ha documentado en diferentes regiones del mundo, la lógica de la securitización, que se impone con todo de lujo de violencia en las fronteras, ha sido utilizada para reprimir la protesta social y evitar la denuncia de violaciones a derechos humanos.

A esta realidad se opone la resistencia y el impulso de vida de las personas y comunidades migrantes y las organizaciones y colectivos que les acompañan. Migrar siendo pobre, mujer, negra, trans, indígena, migrar sin papeles, sin el permiso y beneplácito de quienes controlan el poder, es transgredir el orden establecido y desafiar al necrocapialismo. El derecho inalienable al libre tránsito, la determinación de buscar mejores condiciones de vida y la lucha por la libertad es más fuerte que todas las fronteras con sus violencias.

Este informe nos muestra la sabiduría de los cuerpos que resisten, que llevan en ellos la semilla de la esperanza, de los cuerpos que saben huir de la violencia y protegerse, de los cuerpos que se arropan y construyen escudos invisibles para preservar la vida y la dignidad. A lo largo de estas páginas podemos conocer los análisis profundos y devastadores que las personas migrantes tantas veces silenciadas, estigmatizadas, infantilizadas y presentadas como víctimas, hacen de su propia situación pero también de las políticas migratorias, del racismo institucional y la lógica colonial. Podemos escuchar en especial las voces de las mujeres migrantes, sus estrategias de resistencia, su claridad para explicar cómo la violencia contra los cuerpos y las vidas de las mujeres son un poderosos mecanismo de control social y miedo.

“Las personas migrantes y sus familias constituyen la base de la resistencia al necropoder”, ellas son las portavoces legítimas de su propia situación, quienes saben cuales son las soluciones y las formas de afrontar las múltiples violencias. Son defensoras de derechos humanos que están alzando la voz por quienes desaparecen o mueren en medio del mar y constituyen un movimiento global que ha desenmascarado la impunidad, complicidad y falta de humanidad de gobiernos y grupos criminales en muchas parte del mundo. Superando un indescriptible dolor y con todo el sistema en su contra buscan justicia, dignifican la memoria y exigen narrativas que pongan el énfasis en los perpetradores y dejen de exhibir a las víctimas.

A su lado están personas, plataformas, colectivos y organizaciones que les acompañan desde el respeto, el reconocimiento y el cuidado colectivo. Contra la cultura del individualismo y la xenofobia se han construido redes de vida: para avisar de naufragios, para acompañar a familiares que han perdido a un ser querido o se encuentra desaparecido, para humanizar los cuerpos y las vidas migrantes, para denunciar un sistema que está destruyendo no solo las vidas sino los valores más nobles y generosos que la humanidad ha construido a lo largo de su historia.
Este informe es un testimonio vivo de que el trabajo de Caminando Fronteras y las comunidades migrantes a quienes acompañan no solo salva vidas, sino que constituye un llamado urgente para transformar el sistema de raíz. Su trabajo reconoce a las personas migrantes como sujetos políticos y le da un sentido mucho más profundo – basado en las voces, la sabiduría y la visión de las personas migrantes- a la apuesta por poner el cuidado y la protección de la vida en el centro.

Todas las personas que hemos sido migrantes o hemos tenido familiares migrantes, estamos vivas hoy gracias que alguien nos ha procurado cuidados durante esas experiencias de tránsito y movilidad. Que no se nos olvide nunca, que esa experiencia colectiva grabada en la memoria de nuestros ancestros y ancestras sea una fuerza que nos ayude a terminar con esta política de muerte que pretende arrebatarnos la esperanza.

Marusia López, miembro de Just Associates (JASS) y la Iniciativa Mesoamericana para Defensoras de Derechos Humanos.)

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